Ben Bernanke y la Reserva Federal
finalmente jalaron el gatillo de la “QE3”, una nueva ronda de compra de activos
para apoyar a la economía estadounidense, en uno de los movimientos de política
monetaria más importantes desde que comenzó en 2009 la lenta recuperación de la
recesión. Con el desempleo aún atascado sobre 8% y la creación de empleo
avanzando en vaivenes anémicos, las autoridades de la Fed sintieron que no
tenían más opciones que presionar con la acción más agresiva posible para
impulsar la economía.
La decisión de proceder, en un
comunicado casi unánime del Comité Federal de Mercado Abierto, fue un reflejo
de la creciente preocupación dentro del banco central estadounidense sobre la
naturaleza tentativa del panorama económico. Para estar seguros, Bernanke y la
Fed habían estado preparando por algún tiempo a los mercados, y los políticos
en Washington, para la jugada.

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